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Abril 2011
Una investigación, probada en un experimento con ratones y liderada por Andreu Palou, de la Universidad de las Islas Baleares, acaba de ser publicada en la revista científica Plos One. Basta que la reducción calórica de las futuras madres sea de un 20%, apenas unas 400 kilocalorías, para que se produzcan alteraciones metabólicas en el feto que se plasmarán en la época adulta. «De alguna manera, el feto que está creciendo recibe la información de la alimentación de la madre y esta queda marcada en sus cromosomas», explica Andreu Palou. Pero ¿por qué una menor ingesta en el embarazo se traduce en adultos obesos? «Porque el feto, en su desarrollo, se adapta a unas condiciones de poca disponibilidad de alimento, con lo que el futuro organismo está más adaptado para guardar energía que para consumirla», responde el especialista. Dicho de otra forma, el metabolismo no quema suficientemente lo que come y la consecuencia natural es la obesidad.Pero ocurre una paradoja que no ha podido explicarse: las madres que pierden peso moderado en la lactancia hacen que sus hijos presenten una mayor protección frente a la obesidad.
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